Emelec pasó de la ilusión al fracaso en cuestión de minutos. Ganaba 2-0 ante Guayaquil City gracias al doblete de Ronie Carrillo, pero terminó perdiendo 3-2 tras permitir la remontada de Diego Dorregaray, autor de los tres goles ciudadanos. El resultado deja en evidencia la incapacidad del equipo eléctrico para administrar una ventaja favorable y sostener su rendimiento durante los 90 minutos. En una pelea por llegar a la Copa Sudamericana, regalar un partido de esta manera puede costar demasiado.
Pero el golpe no terminó con el pitazo final. El comportamiento de integrantes de la hinchada azul también quedó bajo cuestionamiento, luego de que se incendiaran tiras de papel en la tribuna tras el gol de la victoria local. La intervención policial y la paralización temporal del encuentro reflejaron una situación que nada tiene que ver con el aliento que necesita el equipo. La pasión no puede convertirse en una excusa para protagonizar actos que generen tensión y pongan en riesgo la seguridad dentro de un estadio.
Emelec necesita respuestas urgentes tanto en lo futbolístico como en el comportamiento de quienes lo acompañan. No basta con marcar dos goles si el equipo no sabe cerrar los partidos, ni se puede hablar de compromiso con el club mientras desde las gradas se producen incidentes que perjudican su imagen. El Bombillo debe reaccionar en la cancha y su hinchada demostrar que apoyar también significa respetar. La lucha por un cupo internacional exige responsabilidad, no más errores ni episodios que desvíen la atención del fútbol.